Lo que le brindó al Tribunal una virtual carta blanca fue el parágrafo 5 del Decreto sobre Ley Marcial ("resquebrajar la moral"), que disponía sobre la pena de muerte si alguien "públicamente trata de paralizar y resquebrajar la voluntad de defensa de la nación alemana o de una aliada."
La pena de muerte era la regla para tal delito, pero para casos menos graves se podía imponer cualquier forma más leve de castigo -en teoría incluso una condena a un día de prisión. A medida que transcurría la guerra, ese decreto vino a reemplazar gradualmente la Ley de 1934 Contra los Ataques Arteros al Estado y al Partido y el parágrafo 90f del Código Penal ("propaganda maliciosa"); la primera había tipificado como delito el hecho de formular expresiones que desacreditaran a los líderes del país, pero ninguno de los dos disponía sobre pena de muerte.
Günther Vollmer, un alto funcionario del Ministerio de Justicia incluyó en su resumen de decisiones judiciales para los años 1943-1944 todo un catálogo de expresiones que ahora estaban tipificadas como delitos capitales: "No deben tolerarse y, como principio general, merecen la pena de muerte ... las expresiones como las siguientes:
▸se ha perdido la guerra;
▸Alemania o el Führer iniciaron la guerra frívolamente y sin ningún fin, y deberían perderla;
▸el partido nazi debería renunciar y despejar la vía para negociaciones de paz, tal como lo han hecho los italianos;
▸debería imponerse una dictadura militar que estuviera en condiciones de firmar la paz;
▸la gente debería trabajar a menor ritmo para que se pueda poner fin a la guerra;
▸el despliegue del bolchevismo no debería ser tan malo como lo pone la propaganda y solo dañaría a los líderes nazis;
▸el Führer está enfermo, que está incapacitado, que es un carnicero de hombres, y así sucesivamente."
Este artículo es una traducción literal de las páginas 200-201 del libro 'Los Juristas del Horror' del abogado, historiador y catedrático, Dr. Ingo Müller.
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